El loro de Santiago

El loro de Santiago

24/02/2020

Hace unos años, Nigel se escapó de su casa. Era 2015. Vivía en Torrence, California, y tenía un marcado acento británico. No tuvieron noticias de él durante cuatro años, hasta que, muy quitado de la pena, como si nada, regresó. Sin embargo, algo en él había cambiado: su shakespereana forma de comunicarse estaba ahora salpicada de palabras en español. Nigel, un loro gris africano, cruzó la frontera, hacia el Sur, y llegó, como juan por su casa, a la casa de la familia Hernández-Smith. Después, le dio morriña y regresó. Un loro africano, o yaco,  cuesta unos cincuenta mil pesos; esta especie  se caracteriza por ser muy conversadora y es conocida por su extrema inteligencia. Una de estas aves, Alex, llegó a desarrollar la inteligencia de un niño de cinco años. Podía identificar objetos, números, colores y formas, y distinguir entre “grande” y “pequeño”, “igual” y “diferente”. Manejaba un vocabulario propio de 150 palabras. Decía “lo siento” si se equivocaba y pedía “quiero volver” (a la jaula) cuando estaba cansado. En el momento de la despedida, le preguntaba a su amiga y profesora Irene Pepperberg: “¿Vendrás mañana?”. Ésas fueron precisamente las últimas palabras del loro, antes de morir repentinamente de un infarto o una arritmia en mitad de la noche. Su necrológica fue la más leída en 2007 en periódicos como The Guardian: “Alex, el loro africano gris que era más listo que la media de los presidentes estadounidenses, ha fallecido a la edad de 31 años”. En la víspera del Día del Amor y la Amistad, tres sujetos vestidos de negro irrumpieron en un hotel ubicado en el barrio de Santiago, en pleno Centro Histórico de Mérida: uno era gordo y moreno; otro alto, flaco y con un tatuaje de estrella en la cabeza, y uno más, con una máscara de luchador —las crónicas policiales no especifican qué máscara. Golpearon y encañonaron al portero de noche, y se llevaron un botín de cinco mil pesos… Y al loro llamado Graybird. Este yaco fue donado al hotel “por una mujer adinerada”, según testimonios, y era uno de los personajes más queridos de la zona; sus ojos amarillos lanzaron más de una mirada cómplice a amantes con urgencia, a quienes recibía con maullidos y otros sonidos de animales en celo. Tras su robo, a los empleados del lugar y a muchos de sus huéspedes los invadió una pena honda y profunda, que recobraron, de súbito, cuando recibieron la buena noticia: Graybird fue rescatado anteayer en Chetumal, Quintana Roo, por agentes investigadores de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP). Hay cinco personas detenidas.