¿Quién es...?

¿Quién es...?

03/05/2018

Estreñido, constipado, como alguien que retiene sólidos y líquidos, líquidos que pugnan por salir, por romper el dique y que se tornan en un goteo frío y tóxico, que envenena y correo todo menos la piel grasienta en la que se escurre. La gomina, moco de gorila, vaselina, acalora su semblante, y lo vuelve aún más seborreico. Pegado al piso, regordete, camina como si llevara un balín en medio de los glúteos, pendiente de que no se caiga, como si se le fuera la vida en ello. El trasero pequeño y compacto, sometido a presiones tales que si tuviera un carbón a las pocas horas saldría diamante, prístino. El agobio de su diminuta y adiposa celda se escucha igual en el sonido de su voz, chillona, gutural, que se escapa por la boca y por esas inmensas fosas por las que jala todo el oxígeno de la sala, asfixiando a los demás. Mueve sus manitas como un pequeño concertista, arrebatando de su imaginación entre el pulgarcito y el indicito, acolchonados como de bebé, una batuta invisible, un matamoscas, un palillo chino. Habla, sueña, come, respira, suda el término traición, y cada vez que lo esgrime se hace más compacto, más pequeño. Tanto que muchos piensan que en dos meses implosionará, desaparecerá, dejando únicamente como prueba de su existencia ese balín que habita entre sus nalgas y que si se cae, pierde.