El poder de la oración

El poder de la oración

04/05/2018

Isabela, de 8 años, despertó con el pie izquierdo. Primero, se acordó que no había hecho la tarea, que eran unas veinte operaciones matemáticas, sumas y restas de dos dígitos principalmente. Bajó en silencio, y le pidió a su papá que la ayudara. Él, que no le puede decir que no, accedió. Subió entonces corriendo a presumirle a su mamá que sí había hecho sus deberes. Desayunó con su hermana Cayetana, de 10. Cuando ya su mamá las iba a llevar a la escuela, el auto no encendió: Isabela había dejado la luz encendida. La mamá rabió, y entró corriendo de nuevo a la casa para pedirle a su esposo las llaves de su auto, un cambio que trastocaría su mañana. Mientras hacía eso su mamá, Isa y Caye se quedaron en el auto; las dos rezaban con fervor, Isa, con remordimiento, igual lloraba. Cuando regresó su mamá, le pidieron, le suplicaron que intentara de nuevo. El auto ahora sí prendió. «¡Sí sirve rezar!», exclamaron las niñas…