Renán reelecto

Renán reelecto

05/09/2018

En las pasadas elecciones del 1 de julio se pulverizó la cadena del PRI. Sin embargo, mucho tiempo atrás ya se habían roto los eslabones más débiles. Y estos eran, entre otros, los legados de la administración Angélica Araujo.  El posterior triunfo de Renán Barrera, en su primer período como alcalde, fue relativamente fácil. Las heridas del 4 de julio aún no cerraban,  la resaca de excesos amenizados por Shakira retumbaban todavía. Barrera vino, vio y venció. Con relativa facilidad, reiteramos. Después de un breve paréntesis, en el que recibió uno que otro mandoble político, Barrera ganó de nuevo las elecciones. En contraste con su anterior experiencia, cuando ganó por el pésimo desempeño de su antecesora, en esta ocasión gran parte de su triunfo se lo debe al buen trabajo de Mauricio Vila, quien también cosechó los frutos de su propio esfuerzo. Barrera, en esta circunstancia, tendrá que aprender a moverse en un escenario diferente al que estuvo hace pocos años. Antes, él arrasaba ante cualquier comparación; ahora será distinto. De patinar sobre hielo pasa a una marisma. Las aspiraciones de este político las conocemos todos, por lo que es de esperarse que sean seis años de intensa, frenética actividad política; en las setenta y dos horas que lleva en el cargo ya nos dimos cuenta de ello. Esta hiperactividad se reflejará en un desgaste físico, pero también emocional: las grillas, batallitas de rumores y desencuentros, consumen y, por lo general, suelen debilitar para la verdadera guerra. Además, la constante, omnipresencia de este político —de cualquier político— puede intoxicar, primero a la audiencia, después a los votantes. Barrera y su equipo tendrán que tener mucha imaginación para evitar una sobreexposición: no pueden seguir haciendo lo mismo ni hacer lo que hizo Vila; lo del gobernador electo fue una blitzkrieg, un relámpago, un trueno de un trienio. Lo de Barrera, no; lo del alcalde reelecto será una guerra de trincheras, una batalla de Somme.