Estadísticas yucatecas

Cuando la suma se convierte en resta: las microfinancieras y casas de empeño en el ámbito local

Es común enterarnos de casos como el de doña Juanita, mujer que en la cúspide de su madurez, entrada ya en la década de los 60 está a punto de perder su humilde vivienda tras contraer una deuda con una microfinanciera. Juanita, como muchos yucatecos, empeñó sus escrituras para saldar la deuda que se hacía cada vez menos pagable. Los refrendos se acabaron, y al borde de la desesperación no sabe si recurrir a un agiotista que le prolongue unos meses más la incertidumbre o sucumbir ante el implacable vencimiento.

Ilustramos nuestro comentario con datos que dan cuenta de la realidad. Lo cualitativo e intangible: la indefensión de Juanita ante el implacable sistema. Lo cuantitativo nos habla de que, gozando de cabal salud, con tasas de crecimiento anuales superiores a los dos dígitos, los ingresos de las casas de empeño crecen de manera exponencial y los establecimientos de este giro se multiplican cual conejos; para el año 2015 se registraron un total de 504 establecimientos de los cuales 228 operaban en Mérida.

El modus operandi de estos negocios está basado en la facilidad y prontitud con las que otorgan dinero a quien lo necesita. Su cobertura geográfica es envidiable para las propias autoridades gubernamentales. Asimismo su capacidad de penetración les permitió desplegar sus servicios a lo ancho y largo de nuestra estado y han permeado a todos los sectores de nuestra ciudad capital (ver mapas). Con sus “bajos“ intereses que en promedio ronda el 5% mensual (60% anual). Las ventas en el sector superan los 212 millones al año.

¿Sobre qué descansa el auge de este negocio?

Con la proliferación también de los casinos, en un análisis simplista podríamos endosar a la ludopatía este crecimiento o bien decir, que sólo sucede en personas irresponsable que ante la facilidad de obtener liquidez se enredan sin pensarlo, o que en su ignorancia muchos caen ingenuos en el manejo de las tasas de interés; pero me temo que el asunto es un poco más estructural. Revisemos las cifras de los ingresos y gastos de los hogares.

El gasto corriente es la suma de las erogaciones en bienes y servicios que realizan de manera regular para su consumo; de forma similar podríamos hablar de los ingresos corrientes: son aquellos que de forma regular reciben los hogares, ya sea como producto del trabajo remunerado de sus integrantes o por otras vías como son las rentas, las transferencias u otros ingresos. En teoría lo que se ingresa debería ser concordante con los que se gasta. Sin embargo, un 28% de los hogares presenta un saldo negativo entre el ingreso y el gasto corriente, lo que significa que de manera reiterada, mes tras mes lo que se ingresa no completa para solventar lo que se gasta (hay déficit) que se tiene que solventar de alguna manera. Las casas de empeño, la microfinacieras , el sistema bancario formal o los agiotistas llenan ese vacío a través del crédito, que per se no es malo, pero si es para solventar gastos corrientes, tarde que temprano el destino les alcanzará.

Si dividimos a los hogares en 10 partes (deciles) donde el primer grupo el que menos ingresos percibe y el décimo es el que mayores ingresos perciben, observamos que más de la mitad del primer decil (56%) tiene un déficit entre los que ingresa y lo que gasta. Para el decil II la proporción deficitaria es del 42%, la tendencia es que a mayor ingreso menor es el porcentaje de hogares deficitarios. El ambiente económico es una clara invitación para que estos intermediarios crezcan.

Cuando la suma se convierte en resta: las microfinancieras y casas de empeño en el ámbito local
Cuando la suma se convierte en resta: las microfinancieras y casas de empeño en el ámbito local
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